Tenme en cuenta a la hora de hacer algo en lo que yo esté implicada.
Sé mi amigo, intenta comprenderme, meterte en mi lugar y procura no dañarme, no me digas cosas inmerecidas por el hecho de hacerme sentir mejor o peor.
Sé sincero, pero no cruel, quiéreme, o no, pero en este último caso no me lo hagas saber directamente.
Escúchame a través de lo que pienso y no de lo que digo,
mírame cuando sonrío, cuando te hablo, cuando quiero que todo te vaya bien.
Confía en mi ciégamente, en mis palabras, en mis acciones, en por qué hago así las cosas y en que si digo o prometo algo, lo cumpliré.
No dependo de ninguna persona, porque gracias a lo vivido, aunque no sea mucho, he podido aprender que así solo se sufre, pero no es bueno tampoco excluirse...
Comparte conmigo tus alegrías, tus penas, tus ideas sobre la vida, lo que anhelas con toda tu alma, lo que no te deja respirar, lo que te pone triste y lo que te altera.
Ríe conmigo, llora si lo necesitas o simplemente si es lo que quieres.
Cuéntame lo que no te deja dormir y déjame ayudarte, olvídate de las preocupaciones innecesarias, vive.
Ilusiónate por algo y lucha por conseguirlo, cuenta conmigo para lo que necesites, desahógate cuando las cosas no te vayan bien e invádeme de sana envidia cuando sea al contrario, pero sobre todo...no te olvides de mi.
Todo esto solo son pequeñas sugerencias de lo que sería una buena amistad o derivados, pero que se cumplan no depende de mi.
No hay comentarios:
Publicar un comentario