Tan fácil es hablar sin decir nada y tan difícil decir mucho en pocas palabras.
Si nos paráramos a pensar en el significado de cada cosa que decimos no estaríamos despreciando los sentimientos, diciendo a todo el mundo lo mucho que lo quieres sin si quiera saber si es así realmente, menos preciando el lenguaje corporal, las miradas, las sonrisas, todo esto cuenta a la hora de decir algo a alguien.
Podemos hablar y no parar pero no es comparable a una mirada sincera, a una caricia...
Claro está que todos esperamos ser correspondidos por la persona amada y aguardamos unas palabras en concreto, la mayoría de la gente no está tranquila hasta que oye un "te quiero".
Yo, sinceramente no quiero que me lo digan. Es decir, no me importaría pero anhelo mucho más que me lo demuestren. Que me hagan sentirme única y especial de ese modo que solo la persona a la que aprecias sabe hacerlo.
Y es que muchas veces nos pasamos tanto tiempo esperando esas palabras que no nos damos cuenta de todas las cosas que están pasando a nuestro alrededor y que son más dignas de apreciar.
Por eso ten una cosa presente, y es que tu felicidad depende de ti mismo y de nadie más.
No esperes a que te digan que te quieren, demuestrales que tienen razones para hacerlo.
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