Y es que al final es lo único que nos pasa.
Nos pedimos demasiado a nosotros mismos, queremos caerle bien a quien nos conviene y que se sientan mal nuestros enemigos.
Queremos que todo el mundo nos aprecie por algo que hagamos o digamos.
Y siempre es lo mismo, lo que pasa es que no nos damos cuenta.
Somos nosotros mismos los que nos sacamos los defectos, los que nos miramos al espejo y decimos: vaya mierda o hoy me siento especialmente guapo/a.
Somos los que fingimos ser lo que no somos por una falsa sonrisa de algún gilipollas...
Y amigos, no creo que podamos ganar contra nosotros mismos, sed sinceros, ¿cuánta gente os conoce de verdad? ¿Os conocéis vosotros mismos?
Yo a decir verdad había veces que me sorprendía con la rapidez con la que cambiaban algunas personas, pero he llegado a la conclusión de que no han cambiado, siempre han sido así y siempre lo serán, solo que en ese momento les convenía caerme bien.

No hay comentarios:
Publicar un comentario